Artes de México

El chocolate del alba (Parte 6)

Valentine Tibère

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Fotografía de Justin Kerr.

El otro tendrá la garganta cortada y yo beberé su sangre, es una jícara llena de chocolate.
J.M.G. Le Clézio Les prophéties du Chilam Balam.

El descubrimiento de una vasija de estilo Chamá, expuesta en el Museo del Popol Vuh en la ciudad de Guatemala, reveló otra visión del árbol de la vida del génesis maya. Esta cerámica del periodo Clásico (150/200 d.C-900 d.C) representa a 1-Hunahpú reducido a una cabeza que cuelga entre los frutos de un cacaotero. El Popol Vuh narra a detalle una escena parecida, pero con un árbol distinto. Según el texto quiché, los gemelos 1-Hunahpú y 7-Hunahpú son los primeros en molestar a sus vecinos del Xibalbá, los gemelos 1-Muerte y 7-Muerte, al ponerse a botar su pelota de hule. Los señores del inframundo convocan entonces a los jugadores, los invitan a medirse con ellos, hacen trampa y pierden. Aún así ejecutan a los perdedores y cuelgan la cabeza de 1-Hunahpú en la horqueta de un árbol muerto, en el sitio llamado “lugar de la pelota del sacrificio”. De inmediato, el árbol muerto reverdece y se cubre de flores, hojas y frutos: unos guajes redondos y del tamaño de una cabeza humana, que ocultan la calavera del héroe de la mirada de los habitantes del Xibalbá. Basta vaciar esos frutos no comestibles y ponerlos a secar para obtener una jícara. Ésta se llama en maya “calavera de Hunahpú” (Dennis Tedlock) y sirve para beber el chocolate.

Los mexicas también se acostumbraron a beberlo en jícaras y adoptaron el recipiente y el mito del dios silvestre decapitado. Invirtiendo la metáfora, llamaron a la cabeza tzontecómatl, “calabaza peluda”. Las imágenes del árbol de los guajes y del cacaotero se sobreponen y se mezclan sin oponerse, alrededor del árbol de la vida, portador de “frutos calavera”, como en la palabra maya yucateca ich, que designa el fruto, el rostro o los ojos. Al árbol del guaje corresponde la función de proveer la jícara sagrada, pintada o labrada, para beber el cacao obtenido del fruto del cacaotero y tan poéticamente denominado en náhuatl con la expresión gemela yollohtli eztli, “el corazón, la sangre”. Como un corazón, el fruto del cacao encierra un líquido vital y tibio. Su sangre vegetal tiene el color de las semillas puestas al sol y molidas en el metate, luego tostadas y diluidas en agua. El brebaje marrón también puede ser teñido de un rojo más o menos intenso con una pasta bermellón hecha de los granos, tan coloridos como aromáticos, del arbusto del achiote. ¿Cómo no imaginar que esa sangre tenga origen divino? ¿No podría tratarse de la sangre de Hunahpú y Xbalanqué, los gemelos fruto de la unión de 1-Hunahpú, el dios convertido en árbol, y de la bella e intrépida Xkik? Según el Popol Vuh, los dioses de la muerte prohíben ver el árbol del guaje, motivo de escándalo porque muestra el espectáculo de la vida en la linde del Xibalbá. Pero Xkik, una joven princesa hija de un señor del mundo subterráneo, llevada por la curiosidad, se escabulle, y llega hasta el árbol y se ve tentada a probar sus frutos. Invisible entre los guajes, la cabeza de 1-Hunahpú rompe entonces a hablar y le revela que los frutos no son sino mondas calaveras. Y como Xkik se obstina, el héroe descabezado hace que extienda la mano, le escupe en la palma y así la fecunda de manera mágica. Seis lunas después, todo el Xibalbá descubre la transgresión de la joven, que es exiliada y condenada a muerte. Sin embargo, logra convencer de su inocencia a sus verdugos, los cuatro búhos del reino de la muerte, y se refugia bajo tierra, donde da a luz a Hunahpú y Xbalanqué. Las semillas del guaje de tiempos de la Colonia o las del cacaotero del periodo Clásico germinan, pues, en Xkik, la bien nombrada “la de la sangre”, de la savia o también del linaje, para mantenernos en un sólo nivel de interpretación de su nombre, rico en significados (Georges Raynaud). En memoria de 1-Hunahpú y de Xkik, el cacao formó parte durante siglos de las ofrendas a los casados en toda Mesoamérica. La unión de los esposos se sellaba con bebidas de cacao entre los mixtecos de Monte Albán; Diego de Landa informa también de la práctica de un “bautizo” yucateco con agua virgen, cacao y flores. Hoy día, entre los productores de cacao, el pozol, una bebida espumosa y refrescante a base de nixtamal y cacao tostado, se sirve en todas las fiestas familiares al final de una buena comida. En Tabasco ese pozol, servido sin azúcar, va acompañado de orejas de mico (pequeños frutos en forma de concha) y grandes limones dulces en conserva, así como cajeta de leche.