Marina Garone Gravier

El pasado tipográfico como modelo: entre la recuperación y la reinterpretación
El uso de modelos tipográficos que podríamos definir bajo el vago concepto de “clásicos” o “antiguos” se ha dirigido predominantemente a la realización de recuperaciones históricas o revivals. Aunque los diseños que han seguido este camino son muchos, entre los proyectos tipográficos inspirados en la producción hispánica del siglo XVIII son dos: Pradell de Andreu Balius (2002-2004)23 e Ibarra Real de José María Ribagorda.24 La tipografía Pradell se basó en los cortes que realizara el punzonista catalán del mismo apellido; el segundo proyecto toma como base los tipos realizado por Jerónimo Gil que se usaron en la edición de Ibarra de El Quijote. Ambos diseños se han nutrido precisamente de la producción tipográfica ibérica de la época que acabamos de abordar, y sus creadores realizaron un cuidadoso trabajo de pesquisa histórica para elaborar sus magníficas actualizaciones.
El otro camino posible a la hora de emplear fuentes históricas es la interpretación más libre y lírica o con más condimentos actuales. En esta línea podríamos mencionar el trabajo realizado por el tipógrafo portugués Mario Feliciano quien diseñó Eudald (1998–2003)25 y para la cual también tomó como referencia el trabajo de Pradell, pero sin conservar los visos arcaizantes en su proyecto final. Es precisamente este segundo sendero el que ha elegido seguir Leonardo Vázquez para crear Lectura. Este joven tipógrafo mexicano emplea el concepto neoclásico claramente en dos acepciones: la tradicional y una propia. La primera la percibimos cuando vemos en sus diseños una modulación vertical; un contraste entre los trazos gruesos y finos de color medio; en los trazos terminales de los ascendentes una presentación levemente oblicua y, por contraste, en los terminales de los descendentes un acabado anguloso, es decir, rasgos que en las definiciones canónicas del estilo neoclásico describen esos cortes.
Sin embargo, como dije arriba, también encontramos en Lectura elementos de un neoclásico más ecléctico o posmoderno, en otras palabras, un uso metafórico de la transición tipográfica y que describen la personalidad de esta familia: las gotas romas en letras como a, c o s y cierto movimiento “tropical” en los diacríticos, además del color general que presentan las composiciones en este tipo. Pero tal vez el sabor más neo de este clásico se pueda catar en la cursiva que es rotundamente contemporánea y vivaz y en el color asignado a la bold que tiende a una oscuridad decimonónica. Leonardo se inspira en el pasado de una nueva manera; él ve en lo antiguo un camino para llegar a lo nuevo, por eso, aunque encontramos en su diseño algunos elementos que ya estaban presentes en los tipos novohispanos de finales del siglo XVIII, sus decisiones plásticas no son una paráfrasis de las formas de esos tiempos, sino el sutil estambre que busca hilvanar la continuidad de la identidad tipográfica mexicana.