Alberto Ruy Sánchez
Cuando una cultura es profunda y sustanciosa provoca necesariamente distintas maneras de apreciarla. Esto nos hace pensar que nos ha hecho falta desnudar al mundo prehispánico, por lo menos temporalmente, para poder apreciar desde otro ángulo las formas de sus cuerpos.
No se trata de suponer que no pertenecen a su tiempo, a la mentalidad de su época. Se trata de un acto de provocación a nuestros sentidos y sensibilidad, entregar naturalmente a nuestros ojos por un instante esos cuerpos escupidos o modelados por los antiguos mexicanos. Queremos afirmar que pertenecen a nuestro tiempo de múltiples maneras, lo que no excluye la necesidad de conocer el pasado en el que fueron modeladas o cinceladas. Tratamos de multiplicar nuestra visión, de desplazar y ampliar nuestra sensibilidad. Tocar con otros ojos nuestros más antiguos de piedra y barro es una forma de renovar su vida, sus significados. Y también es una manera de demostrar que, sin despreciar lo que se sabe de ellos, hoy se les puede añadir un Nuevo conocimiento experimental.
Así Sergio Raúl Arroyo, como explica más adelante en estas páginas, ha tenido la idea de dar una oportunidad a la experiencia estética que pueden brindarnos esas formas prodigiosas. En vivo, al exponerlas de otra manera, y aquí de forma impresa, se trata de poner en contacto directo a nuestro cuerpo con los cuerpos representados por los antiguos mexicanos en piedra y barro a lo largo de varios siglos. Su objetivo, tal vez, dejar que con la erudición llegue veloz el asombro, para juntos formar un saber más completo. Esto se traduce en una elogio al cuerpo mesoamericano.
Otras voces propician aquí este elogio: el artista Felipe Ehrenberg propone que es justamente en “la brecha de arte donde podemos detenernos para comprender, entre otros misterios, el sentido del cuerpo”. David Huerta añade una visión poética, desde varios horizontes culturales e históricos, a este desciframiento estético. Christian Duverger hace una reflexión sobre la sanción de lo erótico en la economía simbólica del mundo antiguo. Y Alfredo López Austin nos proporciona la piedra de toque del saber necesario sobre la concepción del cuerpo en Mesoamérica en una indispensable, atrayente y rica síntesis de cosmovisiones relativas al cuerpo.
Muchas de las piezas elegidas, espectaculares, conmovedoras, o graciosa, se salen de la visión ortodoxa de las estéticas prehispánicas. Algunas son incómodas y han sido cuestionadas hasta en su autenticidad. Pero se presentan a los escépticos de todo tipo asumiendo que la discusión esta abierta y que el riesgo vale la pena. La duda es sana e invita a mejorar el conocimiento. Ocultarlas no lleva a nada.
Este proyecto de elogio y desnudez del arte es sustancial a la vocación editorial de Artes de México, donde siempre hemos ofrecido sabor con saber, donde la aventura de comprender con asombro es una invitación permanente a nuestros lectores, porque precisamente hemos sostenido en varias oportunidades, de manera explícita e implícita, que el cuerpo es un pequeño porcentaje de materia más un altísimo porcentaje de imaginación. Claro que esa materia es fascinante. En su existencia, funcionamiento y formas residen algunas de las grandes interrogantes que motivan el conocimiento humano. Pero la parte de la imaginación corporal motiva de otra manera una Buena parte de las búsquedas del hombre: su manera de verse como individuo y como parte de la comunidad, sus anhelos, sus odios y su amores, su contacto sensorial como el mundo y con aquello que radicalmente lo rebasa, su idea de la trascendencia o decadencia.
El cuerpo es nuestra frontera entre los que conocemos y lo que desconocemos, entre los posible y lo imposible, entre lo que somos y lo que anhelamos ser. Tomemos juntos ahora los riesgos de una nueva visión estética y, como si descifráramos los tatuajes de estos desnudos rituals, con nuestra sensibilidad abierta, pronunciemos con asombro este múltiple elogio del cuerpo mesoamericano.
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By Lovie on 2011 08 22