Alberto Ruy Sánchez
11. De su sed de sangre
Hubo entre los antiguos otra mujer llamada Mosca. Era una poeta notable y tan bella como sabia. Otra Mosca fue una de las más ilustres cortesanas de Atenas. De ella hablaba el poeta cómico cuando escribió: “La Mosca lo ha picado hasta el fondo del corazón”.
Como vemos, la musa de la comedia no se negó a repetir ese nombre y a ponerlo en escena. Y nuestros ancestros no tuvieron pudor en llamar así a sus hijas. Pero la tragedia misma habla elogiosamente de la mosca cuando dice:
¿Por qué la mosca sí puede,
con su invencible valor,
precipitarse sobre los mortales
para embriagarse con su sangre,
y estos soldados tienen miedo
del brillo del acero?
Tendría muchas más cosas que decir de la Mosca que era hija de Pitágoras si su historia no fuera tan conocida.
12. De su doble belleza
Hay una especie particular de grandes moscas que se llaman moscas militares o caninas: su zumbido es más fuerte, su vuelo más rápido, gozan de una vida más prolongada y pasan el invierno sin comer, escondidas detrás de las cornisas. Lo más notable de ellas es que cada una es a la vez macho y hembra, monta y es montada, y reúne, como el hijo de Mercurio y Afrodita, doble sexo y doble belleza. Podría añadir mucho más a este elogio, pero aquí me detengo por temor de parecer que pretendo, como dice el proverbio, hacer de una mosca un elefante.

Doble página de nuestro número 93, Elogio de la mosca en el arte .