Artes de México

La cerámica al sol

Alberto Ruy Sánchez

Una de las metas de Artes de México ha sido aventurarse en un extraño esfuerzo por comprender de manera distinta y difundir con gran calidad de forma y contenido aquellos fenómenos artísticos de México que podemos considerar excepcionales. Decimos fenómenos porque a través de las formas estéticas interrogamos primero a nuestro asombro, luego a los significados que tiene su existencia ante nuestros ojos. Ante nuestra mirada cada obra es ella y mucho más que ella misma. Decía la poeta portuguesa Sophia de Mello que la belleza de una pieza de cerámica “es tan sólo el rostro, la forma, la señal de una verdad de la que no puede ser separada. No hablo de una belleza estética sino de una belleza poética”. Y la labor de Artes de México todo este tiempo ha sido señalar, comprender y mostrar de la mejor manera posible esa “belleza poética”. Participar en lo que la poeta señala ante un ánfora como “el deslumbramiento de estar en el mundo, alianza frágil con las cosas de la vida”. Por esta idea de trascendencia significativa hemos dado un énfasis especial a formas que existen en los límites de las artes no siempre bien llamadas utilitarias o decorativas. Hemos sentado territorio editorial en una zona creciente, donde la distinción entre el artesano y el artista tiende a hacerse menos clara o por lo menos más problemática. La cerámica es uno de esos campos antiguos y nuevos a la vez, donde surgen creadores de enorme fuerza. Los historiadores de las civilizaciones coinciden en que la cerámica es uno de esos signos inequívocos de la sutileza que ha alcanzado un grupo humano en su historia. Y México en sus cerámicas es y ha sido excepcional. Lo evidente es ir al pasado. Todos conocen nuestro esplendor de siglos en el barro, nuestro múltiple mestizaje cerámico y la asombrosa vitalidad de nuestros artesanos vinculados con comunidades regionales. La cerámica es, sin duda, estrella de muchas puntas. Pero ¿dónde está el vértice actual de las cerámicas que están naciendo de manos mexicanas? Entre todas las respuestas posibles destaca un artista del barro cuya obra ha alcanzado una madurez y una riqueza formal inusitadas, como si el fuego del tiempo se ocupara muy especialmente de la levadura de su creatividad y sólo le fuera favorable. Modelada en varias décadas, que permiten una perspectiva muy interesante, y con una excepcional muestra retrospectiva en el Museo Franz Mayer, la obra de Gustavo Pérez es el tema central de esta monografía. Algunos de los mejores escritores sobre cerámica en el mundo, además de poetas, narradores y críticos, se dan cita en estas páginas. El acoso inteligente que hacen a la obra de Gustavo Pérez toma ángulos diversos y sugiere algunos otros. Estamos seguros de que, ya en una época de plena madurez creativa y de reconocimiento internacional, su obra verá crecer, aún más, la luz a ella debida.