22 / 01 / 26
Al inicio del camino. Palabras antiguas de los rarámuri
Recopiladas por Carl Lumholtz

Siempre hay un inicio del camino y siempre hay una primera huella, la primera marca de la memoria que los demás habrán de seguir. En un mundo de caminantes, como el de los rarámuris, estos pasos primordiales coinciden con esos momentos en que el Sol y la Luna aún eran hermanos, con el origen de las estrellas y con las andanzas de los gigantes que poblaron la tierra en los tiempos antiguos, como podemos ver en estos relatos que también son caminos de palabras.

El Sol y la Luna

En el principio, el Sol y la Luna vivían solos y eran dos niños vestidos de hojas de palma que habitaban en una cabaña techada de lo mismo. No tenían vacas ni ovejas; ambos eran oscuros y el lucero de la mañana era el único que esparcía alguna luz sobre la tierra. La luna comía piojos de la cabeza del Sol, y la Estrella de la Mañana vigilaba durante la noche. Había entonces seiscientos tarahumaras que no hallaban qué hacer a causa de la oscuridad, pues no podían trabajar, tenían que cogerse unos con otros de la mano para andar y a cada paso tropezaban; pero curaron al Sol y a la Luna tocándoles el pecho con crucecitas mojadas de tesgüino, y uno y otra comenzaron a brillar y a dar luz.

Pedro Tzontémoc. Revista-libro no 112. Tarahumaras. El camino, el hilo, la palabra.

La leyenda de la Estrella

Un hombre vivía con tres mujeres, ocupado de hacer flechas mientras ellas iban a buscar zorras y marmotas, y una vez que no pudieron encontrar ninguna, mataron a su padre y dijeron:”De nada sirve ya estar aquí; vámonos a otra parte”. Cuando el hombre las vio corriendo, les tiró con flechas. Las mujeres fueron ascendiendo al cielo, convertidas en mano, y él las clavó en los lugares donde aún pueden verse, convertidas en las tres brillantes estrellas del cinto de Orión. Las tres mujeres permanecieron en el cielo, pero el hombre se quedó en el mundo vuelto coyote.

Pedro Tzontémoc. Revista-libro no 112. Tarahumaras. El camino, el hilo, la palabra.

Los Gigantes

Antiguamente había gigantes en las cumbres de las montañas, tan grandes como pinos y con unas cabezas como rocas. Enseñaron a los tarahumaras a sembrar el maíz, derribando árboles y quemándolos, pero se comían a los niños. Una mujeres dio a luz un gigante en una cueva que estaba muy alta sobre la ladera de un valle. La madre murió por el tamaño de su hijo, el cual quedó a cargo de su abuelo, pero ésta, volteándose una noche dormida, lo aplastó. De Guasivori (cerca de Cusárare) fueron unos gigantes a Narárachi a pedir limosna. Les gustaba mucho el tesgüino. Trabajaban tan de prisa y los tarahumaras les pusieron a cavar la tierra y a sembrar, dándoles en cambio comida y tesgüino; pero los gigantes eran feroces, violaban a las mujeres cuando estaban bajo la influencia de la Luna, y por lo tanto se irritaron mucho los tarahumaras, mezclaron un cocimiento de chilicote con el grano que daban a los gigantes, y éstos murieron.

Sierra Tarahumara, 1992.

Carl Lumholtz. Fue un descubridor y etnógrafo noruego, más conocido por su meticulosa investigación de campo y publicaciones etnográficas de culturas indígenas de Australia y de las de Aridoamérica en México.

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