06 / 01 / 26
Chintete hijo del rayo
Damián González

Por ser el juguete un objeto capaz de arrancarnos del trajín cotidiano para insertarnos en un tiempo y en un espacio distinto, hay quien ha dicho que su existencia está a medio camino entre la vida diaria y el ritual. Y los juguetes tradicionales mexicanos no son la excepción. Como veremos en este artículo, en algunas piezas con movimiento, como los llamados chintetes, pueden aún mirarse los trazos de este mundo intermedio lleno de significado.

En muchas regiones de México existe un juguete popular llamado chintete, en el cual una vara o palo de madera sirve de base a un personaje móvil, también de madera, que puede ser un reptil en forma de lagartija. Este último permanece unido a la base por medio de hilos, alambres o clavos que enlazan las patas del animal. Para accionar el juguete, se toma la base por el extremo opuesto donde está sujeto el chintete, luego se agita con fuerza hacia arriba y abajo, haciendo que el chintete se mueva hacia adelante y hacia atrás, y se desplace sobre la superficie de la base. En ocasiones, el mecanismo tradicional es sustituido por un sistema en el que el movimiento se genera con una cuerda y un resorte. Sin embargo, lo común es el desplazamiento del chintete imitando el movimiento de las lagartijas. Según algunos jugueteros tradicionales de Oaxaca, existen otros juguetes que son llamados de la misma manera y que conservan el desplazamiento del reptil, aunque, en ocasiones, el movimiento de estas piezas gira al aire en 360 grados. A estos juguetes se les suele llamar maromeros o volantines. El nombre de chintete se usa en Oaxaca también para el tradicional atrapanovios.

Se cree que la palabra chintete es nahua. Una posible etimología, según Jorge Luis Hernández, profesor nahua originario de Rafael Delgado (San Juan del Río, Veracruz), es lagartija. Así, el término sería una deformación del vocablo nahua xontekitl. De ahí que los habitantes de esta comunidad sean llamados por los pueblos cercanos xonteki moitlaken, “apedreadores de lagartijas”, por la costumbre de apedrear lagartijas cuando van al campo. Una propuesta es derivar la palabra de los vocablos tzintli, “base o cimiento”, y tetl, “piedra”, por ser animales que acostumbran andar entre las piedras.

En las comunidades indígenas y campesinas de los Estados de México y Veracruz, este término ha sido empleado para designar a cierto tipo de lagartijas descritas frecuentemente como “espinosas” o “escamosas”, debido a las escamas que se extienden a lo largo de su cuerpo. Estas especies corresponden en su mayoría al género Sceloporus, y entre ellas destacan las Sceloporus serrifer, horridus, spinosus, melanorhius, variabilis, siniferus, formasus y scalarios. Algunas fueron referidas con dicho nombre por Manuel Martínez Gracida, en su libro Flora y fauna del Estado libre y soberano de Oaxaca, hace 120 años.

Los chintetes forman parte de la cosmología mesoamericana: aluden a deidades de la lluvia. Dicho animal se asocia con el Rayo. Wilfrido Cruz las menciona en su obra clásica Oaxaca recóndita, de 1946. Más literario que etnográfico, Cruz nos ofrece un relato sobre la morada del Rayo en el origen de los tiempos, cuando “todos los hombres vivían en la oscuridad”: “En la cumbre de una montaña vivía desde antes del amanecer del mundo el viejo Rayo de fuego, Cocijoguí. Era el rey y señor de todos los rayos grandes y pequeños. Al pie de su tronco deslumbrante tenía bajo su custodia cuatro inmensas ollas de barro donde guardaba encerrados, en una, a las nubes; en la otra, al agua; en la tercera, al granizo, y en la cuarta, al aire. Cada una de estas ollas estaba vigilada por un rayo menor en forma de chintete o lagartija”.

En la cosmovisión de varios pueblos zapotecas, sobre todo de los Valles Centrales y la Sierra Sur, el chintete es concebido como hijo o ayudante del Rayo. Se le identifica como la entidad que dispersa la lluvia por el mundo. Es quien resguarda distintos tipos de tempestades en cántaros grandes y luego los rompe para propiciar lluvias, tormentas, vientos, granizadas, etcétera. En la región de Miahuatlán, Leonardo Antonio, de la comunidad de San Pedro Coatlán, contó: “Antes la gente hacía viajes a Puerto (Puerto Escondido), por el camino de San Sebastián (Coatlán). Por allá hay un cerro grande. Cuando regresaban, como a esta hora (13:00 hrs) comenzaba a llover y se quedaban en ese cerro. Una vez un señor regresaba y otro de San Miguel (Coatlán) le dijo:

Chintete de cocodrilo. Tlapa, Guerrero. 1974. Colección Ruth D. Lechuga de Arte Popular / Museo Franz Mayer.

–Cuídate, porque dicen que el Rayo te quiere chingar, porque tú tienes un enemigo.

–Cuídate, porque alguien fue a pagar para que el Rayo te matara. Ahí en Santa Lucía (Miahuatlán) vive uno que es Rayo y éste te va a chingar en forma de chintete, cuídate. Cuando regreses carga a tu mula con un cántaro con sal. Cuando llegues al cerro pon la sal donde duermes. Cuando caiga el Rayo agárralo del pescuezo, porque ése es el chintete.

Al llegar al lugar empezó a nublarse. Rápido acomodó a sus animales, les dio de comer, y puso la sal sobre un petate. De repente, ¡cuaz!, que cae ese animal. Y se quedó atorado, ya no pudo salir. Ese señor llevaba su ratita. Con ésa lo amarró y lo metió en una cajita. Ya que venía de camino apareció un joven y le dijo:

–¿A dónde llevas a mi papá? Sácalo por favor. Yo te voy a pagar.

–¿Cómo crees? No tengo nada yo.

–Sácalo, ándale, te voy a pagar.

–Bueno, págame, pero dile a tu papá que no vuelva a hacer eso, porque entonces sólo voy a ahorcar con mi reata.

El animal estaba débil y el señor en su casa ya se estaba muriendo.

–Entonces así le hacemos, ¿pero cómo se llama el animal?

–Chintete se llama.

Le pagaron una cantidad grande al señor. El pagador era nagual”.

Un caso peculiar que asocia al Rayo con el chintete es la presencia del juguete y la lagartija en la tradicional Danza de la Pluma en San Bartolo Coyotepec. Días antes de la ceremonia se recogía siente chintetes y se depositaban en un cántaro de barro. En determinado momento de la danza, los chintetes eran liberados para espantar a la gente. La estampida entre los pies de los asistentes simulaba la caída de los rayos y la dispersión de la lluvia. Un participante portaba un juguete de chintete, con el que también espantaba a las personas.

El carácter se refuerza en algunos pueblos de tradición ceramista en los que aún se elaboran cántaros o jarrones de barro decorados con chintetes y a veces con culebras. Ambos animales tienen la forma que adopta el Rayo al caer a la tierra e incluso pueden personificar al Rayo seco cuando aún no llueve. Éste se atora en un árbol al caer, por lo regular en el ocote. Para liberarlo, según la costumbre, debe colocarse lumbre debajo de donde está el chintete o la culebra. Después de un rato, el calor hace que el Rayo regrese al cielo y que truene nuevamente.

Como la lagartija y la culebra son advocaciones del Rayo, son también naguales. De esta creencia deriva una costumbre vigente en el pueblo de Sola de Vega, Oaxaca. Los señores que poseían nagual del Rayo pintaban un chintete en la parte frontal de su sombrero, advirtiendo a otros naguales que eran poderosos, lo que prevenía peleas entre ellos. En muchos pueblos aún persiste la costumbre zapoteca de usar sal para evitar la caída de los rayos. Quienes poseen naguales enemigos del Rayo, la colocan en jícaras o en cántaros de barro para que al llegar la lluvia su rival quede atrapado dentro del recipiente.

Los zapotecas conservan la creencia de que, en su labor propiciatoria, estos ayudantes truenan en el cielo produciendo luces de colores, de manera semejante a los castillos de las fiestas tradicionales. Así lo relata Felipe Velásquez Matías profesor de la primaria de San Miguel Marcial Ozolotepec: “Un señor que era comerciante de San Juan Mixtepec lleva productos de la zona de Miahuatlán hacia el Istmo. Bajaba por la Sierra Zapoteca y Chontal. Conocía muy bien la cordillera de Ozolotepec. Una vez que fue la fiesta de San Mateo del Mar, un 21 de septiembre, este sanjuanero conoció a un señor que lo invitó a quedarse a dormir en su casa. Por la noche el señor y la esposa le advirtieron que sus hijos saldrían a divertirse, a quemar castillos. El castillo no es como los otros pueblos, porque los que tienen nagual de Rayo truenen en el cielo sacando chispas de colores, como las de los que se queman en las fiestas.

Chintetes. Acatlán, Guerrero. 1967. Colección Ruth D. Lechuga de Arte Popular / Museo Franz Mayer.

Damián González. Ha rastreado la memoria zapoteca en las montañas del sur de Oaxaca, donde sigue las huellas de personajes como el Rayo, la Culebra, el Venado y la lagartija. Parte de estas historias aparecen en sus textos Las huellas de la culebra. Historia, mito y ritualidad en el proceso fundacional de Santiago Xanica, Oaxaca, “De naguales y culebras. Entidades sobrenaturales y guardianes de los pueblos en el sur de Oaxaca”, “El complejo del Rayo en la tradición oral de los zapotecas del sur de Oaxaca” y “Xin Nwziy”, Hijo del Rayo. La lagartija en la cosmovisión de los zapotecas del sur de Oaxaca”.

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