Las fajas mazahuas son como pequeños códices en los que las tejedoras nos ofrecen su visión del mundo y su sentido de la fantasía. En este artículo, el autor nos invita a descifrar los simbolismos ocultos en algunos motivos recurrentes en estas prendas. Y nos exhorta a descubrir como textos tejidos de gran belleza.
La mujer mazahua le guarda un gran respeto a su indumentaria, le otorga significados concretos y le atribuye valores de acuerdo con sus usos y costumbres. En cada una de sus prendas –como la blusa, el chincuete, el fondo, el mandil, el rebozo, el quechquémtl y, en especial, la faja– puede hacerse una interesante lectura, pues todas personifican una parte distinta del cuerpo y cada una enaltece el orgullo de la mujer mazahua.
La faja o mbutri es una de las expresiones más seductoras del arte textil de este grupo. Esta prenda ancestral suele rodar a las mujeres por la cintura, una de las partes más delicadas de su cuerpo, considerada un centro energético y relacionada con el cosmo y la Madre Tierra. Por eso quien se la ciñe crea un espacio sagrado que ejerce una influencia sobre la psique. Además, el uso de la faja establece un rasgo de identidad para el grupo o la familia y fortalece el sentido de pertenencia. Pero su importancia en las comunidades mazahuas es aún mayor. Y es que, por medio de estas prendas, la tejedora desarrolla y crea un sistema de comunicación que le permite compartir ideas, sueños, historias, sentimientos y experiencias mediante los símbolos tramados que esperan ser unidos en la urdimbre. Varios grupos indígenas, como los quechuas del Perú y los huicholes en nuestro país, han utilizado las fajas como códices vivos que les permiten compartir, de generación en generación, secretos de gran valor cultural. Así lo realizaban, por ejemplo, las mujeres de la provincia de Jiangyong, en China, al crear el nu-shu, expresión que significa “escritura femenina” y que se comunica a través de la faja, pues ellas tenían prohibido aprender a leer y escribir.
La mujer mazahua interpreta en sus tejidos su percepción del mundo y su sentido de fantasía. La riqueza y variedad de las aves que engalanan estas prendas, por ejemplo, así como su belleza, libertad y gracia quedan plasmadas como alegorías. Diseños antiguos como los de las “pájaras viejas”, el clásico jyans´e, el tsi´i o el ave misteriosa ka´a, entre otros, evocan con nostalgia los tejidos de sus abuelas. Pero, ¿cómo leer el mensaje escrito en las fajas de las comunidades mazahuas? ¿qué símbolos son los más recurrentes en estas prendas? Las aves son uno de ellos. Podemos decir que en los textiles mazahuas son una suerte de “clarín”, anuncian con sus cantos el cambio de estación, señalan la migración y dan la bienvenida al Sol. Cantan la variación de las tonalidades de luz y los cambios que experimenta la Madre naturaleza. Cuando representan a un ave tejida con una espina en el cuello u otra clavada en una de sus patas, se presume que la tejedora sufrirá un dolor corporal o espiritual. Esta imagen se acompaña con otras para concentrar o intensificar este significado.
El pensamiento mazahua pone especial atención en el movimiento, como sucedía en la filosofía de los antiguos mexicanos, que reconocían en él un atributo fundamental de la materia. En muchas culturas, el movimiento tiene un símbolo común. Se trata de un diseño conocido en náhuatl como ilhuitl, vinculado al Sol. El grupo mazahua lo teje con la idea de representar el polvo que levantan los animales al caminar, la alegría, el aire que "juega” con las nubes, flores y plantas o el fuego que danza al compás del viento. Este símbolo es frecuente en el textil mazahua y estará acompañado de otros para darle sentido a la composición. Por ejemplo, cuando se teje junto a un corazón indica que este órgano palpita; cuando se teje junto al símbolo de Venus –Danseje– se refiere a una estrella que brilla en la noche gracias al Sol, al que conocen como iyadi.
La estrella mazahua, otro símbolo de uso común en las fajas, es el guardián de la noche, el mensajero, el rey de la oscuridad, pero sobre todo el protector de la salud. Este diseño es de gran belleza, pero no compite con el motivo del Sol, tan difícil de encontrar en estas prendas. Y es que, cuando se teje, debe de pedirle permiso primero, pues se piensa que su enigmática presencia y su fuerza deben permanecer en el cielo. Por ello, las mujeres que logran tejer obedecen a una motivación especial. Además, este símbolo es difícil de tejer y sería imperdonable que terminara en un mal trabajo.
Cuando la mujer lo llega a incluir en alguna de sus fajas, coloca un rombo en el centro que se interpreta como la “casa de jyadi”, el lugar más misterioso del Sol. El astro rey tiene un representante en la tierra: el fuego, que aviva los fogones del hogar y que es capaz de transformar y purificar las cosas. El fuego, que en mazahua es sivi, es un fiel aliado del viento –rama–, ser invisible que recorre los espacios con libertad, viajero incansable capaz de transportar vida y muerte. De todos los elementos de la naturaleza, la tierra es el que aparece con mayor frecuencia en la faja. Su símbolo es muy parecido al del fuego. La fertilidad de la tierra –jomu– y el Sol, en eterno matrimonio, dan sentido a la vida. En la cultura mazahua la semilla y la parcela sembradas se representan con rombos unidos que señalan la fertilidad. Antes de tejer este símbolo se les debe anteponer el motivo de la tierra, que suele ser el diseño con el cual la mujer inicia su tejido y el último que teje en la faja. La tejedora mazahua es consciente de que la vida es la unión que existe entre el mundo vegetal y el animal, y que junto con la fuerza del cosmos son el tapiz de la existencia.
El territorio donde habitan los mazahuas se conoce como Mazahuacan, que en náhuatl quiere decir “lugar de venados”, así que la imagen de este bello animal no podía faltar en sus tejidos. De hecho, el ciervo suele poseer un lugar especial en las fajas. La imagen de la mujer montándoselo indica desplazamiento, migración. Pero, sobre todo, representa un viaje mítico, pues sólo la mujer adulta es capaz de montarlo. A las niñas se les representa montadas en un burrito o en un caballo, pues ellas aún son incapaces de domar al venado.
La única imagen antropomorfa que se ve en algunas fajas es la de la mujer. También se le conoce como “diseño de muñecas”, y sirve para dejar claro que son ellas las protagonistas de un testimonio tan personal como el representado en estos textiles. La mujer mazahua teje con gran destreza otros motivos de igual relevancia, como la planta de maguey, el árbol de la vida, los animales de tiro en faena, los animales domésticos alimentándose, los caminos de flores, además de alegorías abstractas, copias del torso de alguna serpiente, líneas y colores que indican territorialidad, así como historias de vida y algunos animales imaginarios. El arte textil mazahua se encuentra, como observamos, en un territorio que existe entre la imaginación y la realidad. El atuendo completo y, en especial, la faja son aliados firmes de su cultura y son, además, cómplices de la transformación social.
Ignacio Vázquez Parra. Es licenciado en Antropología Social y maestro en Antropología por la Universidad Autónoma del Estado de México. En 2003 recibió el premio Tenerife en Artesanías en Islas Canarias. Continúa estudiando el textil mazahua y colaborando en publicaciones referentes al textil y a la cultura del Estado de México.
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