20 / 05 / 26
La pirámide: arquetipo de México
Octavio Paz entrevistado por Alberto Ruy Sanchez

Uno de los escritores mexicanos con más pasión se ha interesado en las diferentes épocas del arte mexicano es sin duda, Octavio Paz. Al entrevistarlo sobre el significado de los espacios en el arte mexicano, nos detenemos sobre todo en una figura espacial predominante: la pirámide. El resultado de la conversación es una de las más penetrantes reflexiones que se han hecho sobre esa forma enigmática de México.

Sobre los estantes de la biblioteca de Octavio Paz saltan a la vista inmediata unas figuras prehispánicas de barro que se conocen como “caritas sonrientes”. Hace algunos años él escribió sobre esos rostros felices un ensayo muy sugerente, “Risa y penitencia”, que recreaba poéticamente el momento en que la luz del sol entra a su biblioteca y sorprende a esas pequeñas esculturas totonacas: “Al alba, un escalofrío recorre los objetos. Durante la noche, fundidos a la sombra, perdieron su identidad; ahora, no sin vacilaciones, la luz los recrea”. Aquel ensayo, además de transmitir un saber sobre el arte, y todo a partir de la experiencia de estar ante ella cuando el sol las despierta. Era, de cierta manera, lo que los filósofos llamarían una “fenomenología” de la figura prehispánica. Es decir, un intento por describir la esencia de las cosas a partir de la existencia de ellas y de nosotros ante ellas. “Una descripción del espacio, del tiempo, del mundo vivido, en un intento filosófico”, decía el autor de la Fenomenología de la percepción. Al pensar en esta entrevista, nuestra ambición fue lograr una reflexión equivalente a aquélla sobre las caritas sonrientes pero sobre los espacios del arte y, muy particularmente, sobre la pirámide. Octavio Paz ha manifestado su preferencia por el arte antiguo que no es monumental: figuritas de Jaina, esculturas huastecas y totonacas y con una gran voluntad de estilo”. La reciente exposición de Paz en el Centro Cultural / Arte Contemporáneo de la Ciudad de México se abría con pequeñas figuras prehispánicas, caritas sonrientes al frente y, entre las piezas, una sorprendente: un pequeño dios maya que surge de una orquídeo de barro, para la cual Octavio Paz escribió hace tiempo un breve poema: Entre los pétalos de arcilla / nace, sonriente, / la flor humana. Y a pesar de esas preferencias por lo diminuto, Octavio Paz ha escrito sobre las pirámides prehispánicas textos llenos de asombro y en ocasiones también horrorizados. Porque tal vez sea ante ellas, mapas que ante las pequeñas figuras, que se manifiesta su fascinada extrañeza por las culturas del México antiguo. Así, con la intención de llegar a nuestra conversación al pie de las pirámides con Margarita de Orellana y Roberto Tejada, parte del equipo de Artes de México, nos acercamos a Octavio Paz en su biblioteca.

Costado del Templo de los Jaguares. Chichén Itzá. Foto: Artes de México.

La pirámide, voluntad de forma

ARTES DE MÉXICO: Durante más de 50 años ha escrito sobre el arte de diversas culturas y es enorme la cantidad de páginas que ha publicado sobre el arte mexicano. Su libro Los privilegios de la vista recopila una parte de ellas. En él se puede ver de qué manera su mirada ha sido heterodoxa: indaga como investigador pero juzga y habla del arte con pasión de poeta. Además, ha sabido adentrarse en las diferentes épocas y ha hecho que tengamos una visión renovada del arte antiguo de nuestro país. ¿Qué piensa de una exposición como ésta, México: Esplendores de treinta siglos, que presenta una visión panorámica de nuestro arte?.

Octavio Paz: Creo que se trata de una exposición excepcional. Claro que hay antecedentes: uno de ellos es la gran muestra organizada por Fernando Gamboa en la Ciudad de México en la época de Carlos Chávez. Después, también Fernando Gamboa llevó a París una exposición del mismo tipo, cuyo catálogo es en parte obra mía. En la embajada organicé un equipo para hacer modificaciones y elaborar un catálogo adecuándose al público francés.

Iglesia de Cuautinchán. Puebla. Foto: Artes de México.

AM: En esta ocasión, el catálogo de México: Esplendores de treinta siglos es también en parte obra de Octavio Paz, puesto que la introducción general, titulada “El águila, el jaguar y la Virgen”, es un texto suyo donde revisa al arte de México en sus diferentes épocas. ¿Por qué esas tres figuras para hablar del arte mexicano?

OP: Escribí estas páginas bajo la advocación de estos emblemas: el jaguar, el águila, y la Vírgen. Los dos primeros eran representaciones de la dualidad cósmica: el día y la noche, la tierra y el cielo. Sus combates crean al mundo, engendran al espacio y al tiempo, rigen la rotación de los días y los cambios de la naturaleza. estas dos vertientes de la realidad se manifiestan de muchas maneras a lo largo de nuestras historias; por ejemplo: indios y españoles, simbolizados por el Oeste y el Este; norteamericanos y mexicanos, por el Norte y el Sur. El juego de oposiciones complementarias se manifiesta también en términos religiosos, éticos y estéticos. La historia de México puede verse como los combates y reconciliaciones entre los dos principios y el terrestre, representados por el águila y el jaguar.

Sin embargo, desde la antigüedad hubo mediadores. Los indios concibieron a Quetzalcóatl, que es serpiente y pájaro, es decir, un ser en el que se conjugan el principio terrestre y el celeste. En el siglo XVI la imaginación religiosa nos reveló otra figura de mediación, la Virgen de Guadalupe. Es aún; por una parte es mediación entre el Viejo y el Nuevo Mundo, entre el cristianismo y las antiguas religiones; por otra parte, es un puente entre el aquí y el más allá. Es una mujer que es una Virgen y que es la madre del Salvador.
No sólo concilia los dos aspectos de la realidad sino los dos polos de la vida, el feminino y el masculino. ¿Qué mejor que estas tres figuras, dos de oposición creadora y una de mediación que las trasciende, como abogados de una exposición de arte mexicano?.

La exposición es muy importante ahora porque, con el tiempo, el panorama que tenemos de nuestro arte ha cambiado. Se han hecho nuevos descubrimientos tanto en el campo de la arqueología como en el de estudios virreinales. Hay una nueva pintura. Pero, sobre todo, nuestra visión del arte del pasado ha cambiado. Esto es fundamental. Cada generación cambia su manera de ver al arte antiguo y esto ahora es esencial.

AM: Precisamente, lo que tratamos de hacer con este número de Artes de México es introducir una pregunta que de cierta manera es nueva en la reflexión sobre el arte mexicano: ¿Cómo elaborar una poética de los espacios del arte en México? Ya no es posible dudar de que los espacios son significativos en nuestra vida cotidiana, en nuestra sensibilidad y, naturalmente, en nuestro arte. ¿Qué lógica de espacios heredamos los mexicanos? ¿Qué formas hemos recibido y recreamos? ¿Qué espacios mitológicos corresponden a los espacios físicos que vemos? Esta última pregunta de alguna manera se responde con lo que acaba de decir sobre las figuras emblemáticas del jaguar, el águila y la Virgen. Ellas forman un espacio mitológico para nuestro arte. ¿Por qué no revisamos algunos de los espacios físicos que echan raíces en los espacios míticos de la cultura mexicana? Esto nos lleva a pensar en los espacios del arte mexicano como espacios rituales. Comencemos con los espacios antiguos de México, considerando que el arte prehispánico es en gran parte un arte religioso ligado a las ciudades y a los templos.

Xpuhil, Campeche. Foto: Cortesía Artes de México.

Octavio Paz. Poeta y ensayista, autor de una amplia obra que tanto en la literatura como en la crítica cultural ha marcado a su tiempo. Ha recibido importantes distinciones literarias dentro y fuera de México; entre ellas el Premio Nacional de Letras y el Premio Cervantes.

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