26 / 02 / 26
Técnicas alfareras
Yoko Sugiura

El estudio de la cerámica hallada en las excavaciones y su comparación con los procesos alfareros actuales permite reconstruir el mundo antiguo y deducir las técnicas con las que se trabajaba en barro. En nuestro espacio de lectura, conocemos los procedimientos con los que fue elaborada la cerámica teotihuacana y descubrimos un importante capítulo en la historia del arte y la tecnología de esta metrópoli.

La cerámica es el primer material sintético creado por el hombre. Su manufactura requiere tan sólo los cuatro elementos básicos de la naturaleza: agua, arcilla, fuego y aire. Para producir objetos de cerámica, es preciso conocer las bondades y limitaciones de cada uno de ellos, además de tener la habilidad necesaria para manejarlos correctamente, pues su empleo inapropiado se traduce en la destrucción de una pieza cuya hechura generalmente lleva varios días.

La aparición y el empleo de la cerámica en el territorio que actualmente corresponde a México se remonta unos 4500 años. Su uso dejó profundas huellas en la historia de estos pueblos, ya que otorgó al hombre nuevas posibilidades para mejorar su vida cotidiana. La arcilla es un material ampliamente distribuido y de fácil obtención, posee una alta plasticidad y las técnicas para trabajarla son relativamente sencillas. Todo ello permitió a los artesanos crear una gran variedad de objetos que no exigían condiciones complejas de fabricación, ni tecnología sofisticada. Naturalmente, la habilidad y creatividad de cada alfarero influyó enormemente tanto en la calidad de una pieza, como en el volumen de producción.

La cerámica es importante para el estudio del pasado por la antigüedad de las piezas y por la gran cantidad de artículos de barro que utilizaban las sociedades pretéritas. Puede usarse como fuente de información arqueológica por su perdurabilidad, pues sus características físicas-químicas le permiten resistir a los factores destructivos del medio, y por su capacidad de reflejar los cambios sociales, políticos y culturales de cada civilización. Esto es particularmente útil en el caso del México antiguo, pues carecemos de documentos escritos que registran amplios periodos de la historia de estos pueblos, y los restos de la cerámica como documento histórico tiene grandes dificultades, ya que si bien se encuentran abundantes fragmentos cerámicos en las excavaciones, en raras ocasiones se recuperan piezas completas. Aún menos frecuente es encontrar evidencias que muestran todo el proceso técnico de producción cerámica. Afortunadamente, los datos y la información fragmentarios que se manejan en la arqueología pueden complementarse con analogías apoyadas en los estudios etnográficos de las comunidades alfareras actuales.

Teotihuacan y su cerámica

Teotihuacán representa, sin duda, la manifestación suprema de las expresiones culturales que una sociedad antigua pudo alcanzar, y la cerámica no es la excepción. Las piezas de alfarería producidas por este pueblo no se reducen exclusivamente a las que fueron elaboradas para satisfacer esa dimensión social y política que implica el uso de objetos cerámicos extraordinarios, que atrapan la mirada de los espectadores por su calidad artística excepcional y por el profundo simbolismo de sus motivos decorativos. Dentro de la tradición alfarera de Teotihuacán se aprecian también piezas que pertenecen a la vida cotidiana, entre las que se cuentan ollas, cajetes, cazuelas, comales y otros enseres. Sus formas, técnicas de fabricación y motivos decorativos mientras, a primera vista, su identidad como obras elaboradas por la gran cultura teotihuacana.

Si bien el conocimiento acerca de las técnicas cerámicas es fundamental para comprender las culturas, en el caso de Teotihuacán el interés de los arqueólogos no ha sido tan profundo. Y esto ha dificultado el estudio de la cerámica teotihuacana, pues sólo conocemos algunos aspectos fragmentarios de sus procesos técnicos. Por fortuna, los estudios de la alfarería contemporánea nos ofrecen pautas y referencias importantes que enriquecen el conocimiento recabado de los contextos arqueológicos.

Jorge Vértiz. Interiores. Revista-libro Cerámica de Teotihuacan. Artes de México.

Conjunto de seis cajetes hemisféricos, con soporte anular y decoración incisa y punzonada. Clásico, fase Xolalpa, 350-550 d.C. Cerámica Anaranjada Delgado. 22 cm de diámetro. MNA. Esta cerámica, de amplios usos en Teotihuacan, tuvo fines variados, desde los ceremoniales hasta los de uso cotidiano.

Técnicas de producción

La información etnográfica nos permite inferir las cinco etapas del proceso productivo de la alfarería: la extracción, la formación y acabado de las piezas, el secado y finalmente la cocción. En cuanto a la primera etapa del proceso, si la calidad de la arcilla es apropiada no requiere ser combinada con otras. Es muy probable que la gran mayoría de las piezas de uso cotidiano se elaboran mezclando diversos tipos de barro para alcanzar la calidad necesaria y la maleabilidad adecuada. Actualmente, se agrega, en ciertos casos, algún tipo de desengrasante para minimizar la malformación de los productos, mejorar la maleabilidad y reducir la contracción de la pasta. Sabemos que en Teotihuacan se utilizaron como desgrasantes fragmentos cerámicos molidos, minerales triturados, materiales de origen orgánico como inflorescencia de tule ancho, entre otros, dependiendo de cada caso y de la disponibilidad de los materiales.

Posiblemente los yacimientos de arcilla de Teotihuacan se ubicaron en lugares cercanos al mismo valle, y al alcance de los artesanos. No obstante, nuestro desconocimiento nos dificulta conocer con exactitud la forma en que se extraían las arcillas, las herramientas que se empleaban para explotar el yacimiento, así como las que se utilizaban para transportar la materia prima hasta el lugar de trabajo. Tampoco conocemos los métodos de preparación de los barros, ni el procedimiento utilizado para tamizar los terrones de barro con el fin de obtener la homogeneidad requerida, o si éstos se remojaban en agua antes de ser triturados. Aunque sabemos por los estudios etnográficos que una vez homogeneizada la arcilla es necesario amasarla y dejarla reposar para obtener la calidad de barro adecuada, no sabemos de la cantidad de agua que se tenía que agregar a la arcilla pulverizada, ni el tiempo que esta mezcla se dejaba reposar. Todos estos detalles son importantes, pero es probable que nunca hallemos sus rastro en los registros arqueológicos.

Modelado y moldeado

La siguiente etapa del proceso técnico corresponde a la formación de las piezas, la cual se realiza con dos técnicas, el modelado y el moldeado, cada una con sus variaciones específicas. En ocasiones, éstas pueden combinarse en una misma pieza. Las técnicas de modelado tienen una mayor antigüedad en Mesoamérica, principalmente el modelado a mano, que consiste en presionar una bola de barro con los dedos, la palma o el puño con el fin de ahuecarla y dar forma a un recipiente. Esta técnica se ha identificado en piezas arqueológicas relativamente pequeñas como las cajetas, las ollas o los cajetes miniatura, pero no se ha encontrado en vasijas grandes. Sin embargo, en estudios etnográficos se ha descubierto que la misma técnica se usa para modelar piezas de gran tamaño.

El enrollado es otra técnica de modelo. Se realiza superponiendo tiras de barro en forma de anillo o colocando una larga tira de barro en forma espiral, como se ha observado en las ollas de tamaño mediano procedentes de excavaciones arqueológicas. Dado que las tiras enrolladas no se adhieren bien y tienden a separarse, es necesario presionarlas sobre la superficie con el fin de darles una mayor resistencia y así reducir el riesgo de que se despeguen. Por ello, las piezas elaboradas mediante esta técnica son frágiles. Otra técnica de modelado ampliamente utilizada consiste en unir los segmentos o secciones rectangulares de barro previamente aplanado para dar la forma y el tamaño deseado. En ocasiones, se agregan estos segmentos modelados a la parte moldeada de una pieza como en el caso de algunas bases para ollas.

Al hablar de las técnicas de producción alfarera, no hay que olvidar un hecho importante en el mundo prehispánico, de que Teotihuacan no es una excepción: el desconocimiento del torno, que hubiera permitido a los artesanos agilizar su trabajo y estandarizar los productos. No obstante, los antiguos teotihuacanos, como los artesanos actuales, seguramente utilizaron fragmentos del fondo de una olla, una cajeta o algo similar como parador para ir modelando el barro. Pese a que este elemento no desempeña una función equivalente a la de un torno verdadero, desde el punto de vista mecánico cumple la misma función, aunque de manera elemental, ya que agiliza el movimiento giratorio, lo cual reduce el tiempo de formación de las piezas.

En Teotihuacan, el uso de técnicas de moldeado estaba mucho más difundido de lo supuesto por los arqueólogos. Las piezas moldeadas eran elaboradas por la regla general, con moldes horizontales. Su uso no se limitaba sólo a la elaboración de objetos de uso cotidiano, como ollas y cajetes; también se fabricaban objetos rituales, tales como sahumadores, braseros, incensarios, cajetas y figurillas, además de las ollas que se utilizaban como moldes.

Para producir piezas moldeadas, los alfareros extendían la masa arcillosa aplanada en forma de tortilla sobre el exterior de la olla que servía como molde y que era colocada boca abajo sobre el suelo. Es difícil identificar el uso de esta técnica de moldeado en las piezas arqueológicas; no obstante, es muy probable que se haya utilizado muchos más de lo imaginado, considerado que tiene una historia más antigua que el uso del molde hecho ex profeso y que hoy es de uso común.

Taller de cerámica ritual en la Ciudadela

Se ha recuperado en Teotihuacan un número considerable de moldes de vasijas figurillas, máscaras y adornos de braseros o incensarios tipo teatro. Y aunque se ha identificado en la gran urbe evidencia arqueológica de espacios que se pueden definir como talleres, un hallazgo que vale la pena mencionar, por su contexto excepcional, es el taller de cerámica ritual localizado en la estructura llamada El Cuadrángulo, ubicado al norte de la Ciudadela. En este espacio no sólo se encontraron diferentes tipos de moldes, vasijas –algunas acompañadas por sus moldes correspondientes–, adornos y herramientas de alfarería, sino también un área destinada para la cocción de adornos moldeados para los innecesarios y algunas piezas en proceso de elaboración, así como vasijas dentro de las cuales había pigmentos de colores procedentes de la región.

Los moldes recuperados en este taller, tanto convexos como cóncavos, superan los 3,000, sumando los fragmentados y los completos. Los moldes negativos o cóncavos pequeños que fueron encontrados en este sitio probablemente se utilizaron para elaborar adornos o aditamentos para los innecesarios tipo teatro, como flores de cuatro pétalos y otras figuras vegetales. También se emplearon para formar partes de las figurillas antropomorfas, incluyendo las representaciones de deudas y las pequeñas máscaras humanas que probablemente se elaboraron con fines funerarios.

Interiores. Artes de México.

Yoko Sugiura Yamamoto. Es arqueóloga, doctora en antropología por la UNAM. Es investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de esta Universidad.

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